Valora al camionero

Jorge Naranjo Torrejon

He visto el anuncio de la dgt, como casi todos “muy acertado”, yo soy camionero, gracias a Dios, nunca he tenido un accidente en el que fallecido alguien, si lo tengo será un error por parte de una persona o de una máquina, decir “alguien mató…”, es decir que había intención, un ole por la dgt y por el ministerio del interior, se han lucido, criminalizándo a un sector en general.
Un sector que no está protegido por nada ni por nadie, que solo busca el bienestar de su familia, igual que todas las personas de bien.
A todos los listos, a todos los que piensan que porque llevamos un vehículo grande, hacemos lo que nos sale de los cojones, los invito a venirse conmigo una semana, y si hay que llamar asesino a alguien, os daréis cuenta que no será al camionero.

Señor director de la DGT, quiero felicitarle. Como máximo responsable de este ente público, lanzar una campaña de concienciación con un anuncio que su primera frase es: ” Un camionero atropelló a mi marido matándolo en el acto”, es todo un impacto, si señor, muy concienciador. También podía haber sido una frase del tipo, ” un quitamiedos obsoleto sesgó la cabeza de mi hijo”, o “un socabón sin arreglar lanzó el cráneo de mi sobrina contra un muro” o, “una curva en un punto negro eterno sacó las entrañas de mi mujer contra un árbol” o, por qué no, ” es mas fácil responsabilizar y criminalizar a un colectivo, que reconocer los errores de esta dirección a la hora de prevenir”. Pero no, la suya es sin duda la más impactante, y la que más va a concienciar… ¿sabe lo que le digo? Váyase usted un poquito a la mierda..

Mientras estos criminales en potencia tienen regulados los tiempos que pueden conducir, limitada la velocidad a la que pueden circular, el tiempo que tienen que descansar… cualquier desgarramantas puede coger un coche después de una jornada de x horas en el ministerio, y meterse entre pecho y espalda seiscientos kilómetros sin descansar para irse a la casita de la playa. Y el criminal es el del camión.

Mientras estos asesinos en letargo, que su trabajo es conducir, tienen que pararse en cualquier aparcamiento de la carretera, aunque estén a media hora de su casa, de estar con su familia, con sus hijos ( que también los tienen ¿eh?), para no estorbar y resultar un peligro para el resto de usuarios de la vía… bandadas de ávidos conductores de fin de semana emprenden su ruta al ocio, y por supuesto, el ocio prima. Y el peligro es el que trabaja, y el que tiene que apartarse…

Estos señores que tienen que aguantar el menosprecio y persecución de la autoridad vial, que son el último de la fila, que tienen que hacer de mozos de carga para las empresas, que tienen que comer cuando mande el tacógrafo, o cuando al encargado superman de turno se le antoje. Que no pueden permitirse hacerlo en un restaurante porque no les llega, y tienen que hacerlo con un bocadillo, y si quieren algo caliente tirar de infiernillo. Que tienen que pagar para poder ducharse, y en algunos casos para otros menesteres. Estos señores que tienen que sacarse un carnet específico, renovar cada cinco años su capacitación, y conocer las normativas al dedillo porque de ello depende su día a día… estos señores son el peligro, el “asesino”.

El que utiliza la vía para el ocio, con un vehículo que ni tiene seguro, ni matricula, ni es necesario tener conocimientos porque no tiene que superar ningún examen, ni paga impuestos, ni está regulado, este, este es la “victima”.

Negar que en mi profesión, como en cualquiera otra, hay un montón de impresentables, sería negar lo evidente, no pretendo caer en ninguna demagogia. De ahí a defenestrar una profesión desde un ente público, una profesión que es la razón de ser de la carretera, va un trecho, y mucha irresponsabilidad.

Si quiere usted, señor director, testimonios desgarradores, puedo ofrecerle el de cientos de viudas, padres, madres, hijos de camioneros y transportistas que dejaron su vida en la carretera para que usted y todos nosotros tuviéramos el pollo en el supermercado a la hora indicada. Familiares que se quedaron un día esperando a su ser querido, que se dejó su vida en la carretera por la dejadez de fomento al arreglar una carretera, o por la imprudencia de un usuario inexperto de la vía pública. Seres humanos que se dejaron la vida trabajando, y ni siquiera se les reconoce como tal, solo son un número más de la interminable lista de víctimas de la carretera. ¿Cuantos quiere? ¿cientos? ¿miles?…

Pero la gente de la carretera no busca culpables, porque es consciente que todos cometemos errores, no culpabiliza, porque son los primeros interesados en que todos, absolutamente todos, respeten las normas de circulación. Y ¿sabe una cosa?, nosotros tambien tenemos hijos, hermanos, amigos… que andan en bicicleta, y rezamos para que todo el mundo, respete ” un metro y medio”.

Señor director, se ha cubierto usted de gloria. Insisto, váyase usted un poquito a la mierda…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *